¿Son rentables las subastas de inmuebles?

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El que más y el que menos, cuando escucha la palabra subasta siempre suele tener en la cabeza la palabra ganga. Algo que se acentúa mucho más cuando estamos hablando del sector inmobiliario. Y es que, al menos hace una década, fueron tantas las personas que pudieron conseguir una vivienda bastante solvente a un precio tan atractivo, que no han sido pocas las personas las que han seguido esos mismos con el objetivo de conseguir la casa de sus sueños a un precio extraordinariamente bajo. Pero, ¿qué pasaría si dijésemos que las subastas ya no son tan atractivas como lo eran antes?

Un aumento en las subastas

A nadie se le escapa que como consecuencia de la crisis económica que tenemos en medio planeta, las entidades financieras han tenido que ejecutar un número muy elevado de hipotecas por lo que han sido muchos los propietarios que se han quedado sin vivienda.

Una vivienda que, si bien es cierto que en un primer momento pasa al stock propio de la entidad de turno, cuando pasa un determinado periodo de tiempo, si ésta no ha podido ser vendida dentro del mercado común, pasa a ser subastada en función de los criterios que tenga dicha entidad.

Una subasta que se hace de modo público, es decir, cualquiera de nosotros puede pujar por una vivienda que salga en subasta con las mismas garantías que cualquier otra persona independientemente del poder adquisitivo que esta tenga. Un proceso que se ha facilitado mucho ya que en los últimos años, únicamente hace falta depositar el 5% del precio de salida, el cual, por cierto, se recupera en caso de que no se haya ganado la subasta en cuestión. Pero entonces, ¿qué es lo que está sucediendo?

Las subastas ya no son atractivas

La conclusión general podía ser precisamente esta pero vamos a profundizar un poco más en los motivos por los que las subastas ya no llaman tanto la atención a pesar de las aparentes condiciones tan favorables como son, por un lado, el aumento de inmuebles a subastar y, por otro, la reducción del importe que tenemos que depositar.

Pues bien, el problema viene desde dos puntos bien distintos pero al mismo tiempo complementarios. En primer lugar, tenemos un problema con la tasación de esos inmuebles, los cuales, fueron tasados en pleno auge de la denominada burbuja inmobiliaria por lo que el precio por el que salen a subasta es bastante más alto del precio actual de mercado. Un hecho que, para empezar, hace que el mediano, ya ni decir el pequeño, inversor, se eche para atrás ya que no solo no tiene capital suficiente para afrontar dicha inversión sino que al mismo tiempo en muchos casos, por no decir en la inmensa mayoría, es consciente de que rentabilizar la inversión es enormemente complicado.

El segundo aspecto que tenemos que tener presente tiene que ver con las carga que pueda tener que inmueble que sale a subasta ya que en muchas ocasiones, sobre todo en las viviendas que pertenecen a una comunidad de vecinos, la entidad financiera de turno no está al corriente de las cuotas de la comunidad con todo lo que ello implica. Un hecho que hace que se tenga que sufragar una deuda que en muchos casos puede ascender a varios miles de euros. Esto es así porque los bancos y las cajas de ahorro, por norma general, y esto es una realidad palpable, mientras tienen el inmueble en propiedad, no suelen hacer frente a este pago ya que el exceso de stock les obligaría a tener que hacer todos los meses un gran desembolso.

Es por ello por ello por lo que, luego, esta deuda pasa a manos del futuro propietario, el cual, en muchas ocasiones no está dispuesto a correr con unos gastos a no ser que la casa o el inmueble sea realmente rentable.

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